¿Tiene el usuario todo el control sobre la interfaz?
La semana pasada, mis compañeros de trabajo estaban armado una galería de imágenes desplegable y me preguntaron lo siguiente:
¿Te parece si hacemos que cuando el usuario deja la galería desplegada y no la cierra durante 5 segundos, ella se cierre automáticamente?
En base a este caso, pensé lo siguiente (pueden opinar debajo lo qué les parece).
- Que el usuario tenga el control.
La idea es brindarles todas las herramientas necesarias a los usuarios, para que ellos hagan lo que se les plazca hacer con la interfaz.
Ocupémonos de generar buenos controles (que respondan a sus necesidades) para que los usuarios puedan operarlos libremente y elegir qué hacer.
- No nos tentemos con los efectos.
Entiendo la tentación del programador de aplicar todo lo que se puede hacer para que el usuario quede anonadado y diga: “¡qué poder! ¡qué magia!” Pero realmente, no hace falta.
Utilicemos ese poder para permitir que los usuarios puedan manejarse con soltura y exclamen:
“¡My god, no necesito llamar a mi sobrino para que me explique cómo hacerlo! ¡No necesito contratar a un gestor, ni llamar por teléfono para hacer una compra! De ese modo, van a bajar los llamados al call center. Lo aseguro. - Diseñemos controles claros y evidentes.
Uno de los programadores me preguntaba. “¿Y si el usuario no encuentra cómo cerrar la ventana?”.
Bueno, entiendo que ese es el desafío: hacer los botones claros y evidentes, para que los usuarios no tengan dudas al momento de necesitarlos.
Pensemos en:
- Ubicaciones obvias, no escondidas.
- Tamaños cómodos, no diminutos.
- Etiquetas precisas, eliminando ambigüedades.
- Palabras claras, pensando en el lenguaje del destinatario. - ¡No les cambiemos las cosas de lugar a los usuarios!
Hablaba con los programadores y les comparaba lo horrible que es dejar una taza en el escritorio y que alguien te la lleve a la cocina sin preguntarte.
Seamos respetuosos de las decisiones de los usuarios. Si quieren abrir una ventana, que lo hagan; y si la quieren dejar abierta (o viceversa), que lo puedan hacer.
Propongo que cada vez que diseñemos un objeto interactivo, pensemos: ¿Tiene todo el control el usuario o le estamos imponiendo algo?
Ojo, la libertad es un cambio paradigmático.
En mis tiempos de programador, usábamos un dicho común para acordarnos de que hay que prever lo imprevisible: “El usuario es idiota, por definición”.
Con todo lo políticamente incorrecto que suena, a veces hay que pensar así para adelantarse a casos como que el usuario no sabe usar la aplicación; hay que dar todas la posibilidades pero no permitir que cometa errores; etcétera.